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Anécdotas
Hípicas Venezolanas
presenta |
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El
test de los campeones |
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Por
Alfonso Rodríguez Vera |
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“Claro que hay que bajar la distancia
del Belmont Stakes. Si estos señores ya
consideran una milla y media una carrera de maratón, sería una crueldad
pedirles a los pobres caballos que corran un maratón a comienzos de junio.
“Test de los Campeones”, la promocionaban en la
prehistoria...” |
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Publiqué
este tuit, naturalmente con sarcasmo. No estoy de acuerdo con que se
reduzca la distancia del Belmont
Stakes. Pero el sarcasmo también tenía una
parte de verdad: soy perfectamente consciente de que el caballo de hoy no
es exactamente el mismo que teníamos hace algunas décadas y que buena
parte de sus actuales limitaciones son consecuencia de cómo hemos
orientado la cría durante los últimos años. |
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Cuando
el talento se encuentra con la rivalidad, una carrera puede convertirse en
historia. En 1978, Affirmed y Alydar no solo disputaron el Belmont Stakes: se jugaba allí la Triple Corona. En distancia
de milla y media, como mandaba la tradición. |
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La
idea de la New York Racing Association (NYRA) de reducir la distancia del
Belmont Stakes a una milla y un cuarto ha abierto un
debate que va mucho más allá del cuarto de milla que desaparecería de la
carrera. En realidad, lo que está en juego es algo bastante más
importante: qué queremos que represente el Belmont Stakes en el futuro. |
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David
O’Rourke,
presidente y CEO de NYRA, ha planteado que la milla y media, tradicional
distancia del Belmont Stakes y razón por la que durante décadas fue
conocido como el “Test de los
Campeones”, ya no responde necesariamente a lo que la industria está
criando. Los caballos modernos son seleccionados cada vez más por
velocidad y precocidad, mientras que la resistencia parece ocupar un lugar
menor en la cría. |
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El
razonamiento tiene cierta lógica, pero conviene recordar cómo llegamos
hasta aquí. Los tres Belmont Stakes disputados en una milla y un cuarto (aproximadamente 2.000 metros) no
fueron concebidos originalmente como un cambio permanente de distancia. Belmont Park estaba cerrado por
el proceso de reconstrucción y la carrera tuvo que trasladarse
temporalmente a Saratoga. Por
las características de su trazado, Saratoga no permite disputar el Belmont
en su tradicional distancia de milla y media (aproximadamente 2.400 metros), por
lo que durante estos tres años se optó por correrlo en una milla y un
cuarto. |
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Esos
Belmont demostraron que la carrera puede funcionar perfectamente en esa
distancia: hubo competencia, buenos caballos y espectáculo. Pero que el
experimento haya funcionado no significa necesariamente que debamos
convertirlo en norma. Una cosa es adaptar la distancia porque las
circunstancias lo exigen y otra muy distinta es cambiarla porque hemos
decidido que los caballos ya no deberían correr una milla y
media. |
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Precisamente
la distancia es lo que históricamente ha diferenciado al Belmont de las
otras dos carreras de la Triple Corona. El Kentucky Derby se corre en una
milla y un cuarto; el Preakness Stakes, en una milla y tres dieciseisavos; y el Belmont Stakes, en una milla y media. No es un capricho.
La progresión de las distancias forma parte de la lógica deportiva de la
Triple Corona: velocidad, resistencia y, finalmente, la capacidad de
sostener ambas cosas cuando el cansancio ya ha
aparecido. |
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Si
el Belmont pasa también a una milla y un cuarto, la diferencia entre el
Derby y el Belmont prácticamente desaparecerá. Y entonces habrá que
preguntarse qué queda |
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del
antiguo “Test de los
Campeones”. No porque la milla y un cuarto no sea una distancia
importante, sino porque dejaría de ser la prueba extraordinaria que
durante generaciones separó al campeón de los buenos caballos.
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De
los tres Belmont Stakes disputados en una milla
y un cuarto en Saratoga, dos fueron ganados por el mismo caballo que había
conquistado el Kentucky Derby: Sovereignty
(foto), en 2025, y Golden Tempo, en 2026. |
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Hay
además una ironía difícil de ignorar. Si la industria ya no está criando
caballos capaces de correr una milla y media, quizá el problema no esté en
la distancia del Belmont Stakes. Quizá esté en la propia
industria. |
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Cambiar
la carrera para adaptarla a los caballos que se están produciendo parece
una solución sencilla. Pero también puede convertirse en una forma de
aceptar como inevitable una tendencia que quizás deberíamos intentar
corregir. Si cada vez criamos para distancias más cortas porque los
caballos modernos prefieren correr distancias más cortas, y después
acortamos las carreras porque ya no criamos para distancias largas,
terminaremos en una curiosa carrera hacia ninguna parte: cada generación
necesitará menos resistencia y nosotros tendremos que seguir reduciendo
las exigencias para acomodarla. |
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Y
aquí conviene reconocer algo: no se puede culpar exclusivamente al
caballo. El caballo es, en buena medida, el producto de las decisiones que
durante años se han tomado sobre qué tipo de ejemplar se quiere criar y
cuánto se está dispuesto a adelantar su desarrollo para hacerlo más
atractivo comercialmente. |
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Se
ha privilegiado la velocidad, la precocidad y el valor comercial, y a esto
se suma el creciente protagonismo de las subastas de dosañeros en
entrenamiento, donde los ejemplares son presentados en los meses de marzo,
abril y mayo buscando impresionar con sus registros de velocidad. Para
llegar a esas subastas en condiciones de ofrecer buenos tiempos, muchos
caballos deben adelantar su proceso de preparación y entrenamiento cuando
todavía están en una etapa muy temprana de desarrollo. Eso puede aumentar
también su exposición a lesiones y contribuir a que tengamos ejemplares
más precoces, pero menos preparados para desarrollar y mantener la
resistencia necesaria para las grandes
distancias. |
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Un
dosañero en entrenamiento, preparado para demostrar en primavera lo rápido
que puede correr. La industria premia la precocidad; después nos
preguntamos dónde quedó la resistencia. |
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Si
durante años hemos premiado comercialmente la velocidad y la precocidad,
no debería sorprendernos que hoy tengamos menos caballos capaces de
afrontar con naturalidad una milla y media. Pero precisamente por eso el
Belmont adquiere todavía más importancia. |
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Quizás
la pregunta que debería hacerse NYRA no sea: “¿Los caballos actuales están preparados
para correr una milla y media?”. La pregunta podría ser otra: “¿Queremos que los caballos del futuro
sigan estando preparados para correr una milla y media?”. Son
preguntas muy diferentes. |
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Si
la respuesta es que no, entonces reducir el Belmont puede ser
perfectamente coherente con la dirección que ha tomado la industria. Pero
si todavía creemos que la resistencia tiene un lugar dentro de la
selección del “thoroughbred”, entonces el
Belmont debería conservar precisamente aquello que obliga a los criadores,
entrenadores y propietarios a valorar esa
cualidad. |
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Naturalmente,
la tradición por sí sola no puede ser un argumento suficiente. Las
carreras deben evolucionar. Pero evolucionar no significa necesariamente
eliminar aquello que las hace diferentes. |
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El
problema tampoco parece estar necesariamente en la distancia. Durante años
se ha discutido la dureza del calendario de la Triple Corona, el poco
tiempo de recuperación entre el Kentucky Derby, el Preakness y el Belmont, y la manera en que ha cambiado
la preparación de los caballos. Pero aquí aparece una decisión que puede
complicar todavía más las cosas. A partir de 2027, el Preakness Stakes
dejará su tradicional tercer sábado de mayo y pasará al cuarto fin de
semana: se correrá el domingo 23 de mayo, tres semanas después del Kentucky Derby. La decisión de
Maryland busca precisamente dar más tiempo de recuperación a los caballos
que participan en el Derby y aumentar la participación en el Preakness. |
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El
problema es que, si el Belmont mantiene su fecha del 5 de junio, el
espacio entre el Preakness y el Belmont se
reduce a apenas 13 días. Es decir, se le concede una semana adicional al
caballo que corre el Derby para llegar al Preakness, pero se le quita tiempo para llegar al
Belmont. Si precisamente estamos hablando de una generación de caballos
que necesita más tiempo de recuperación entre carreras, resulta
contradictorio resolver el problema de un lado de la Triple Corona
trasladándolo al otro. Y si un propietario considera demasiado arriesgado
correr tres carreras importantes en pocas semanas, reducir la distancia
del Belmont tampoco necesariamente solucionará el problema. Quizás antes
de tocar la milla y media deberíamos preguntarnos si lo que necesita
revisión es el calendario. |
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Tal
vez haya otras cosas que debamos cambiar antes de tocar la distancia de
una milla y media. Porque el Belmont no es simplemente otra carrera de
Grado 1 para tresañeros. Es una carrera con una
identidad construida durante más de un siglo. Ha sido el escenario en el
que algunos campeones demostraron que podían hacer algo que otros buenos
caballos no podían hacer: correr una milla y media después de una exigente
temporada de primavera y sostenerse hasta el
final. |
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El
experimento de correr el Belmont a una milla y un cuarto ha demostrado que
la carrera funciona. Ahora falta saber si NYRA quiere simplemente
organizar una buena carrera de milla y un cuarto o preservar una carrera
que durante generaciones significó algo mucho más
difícil. |
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Porque
una cosa es reconocer que el caballo ha cambiado. Y otra muy distinta es
cambiar el Belmont cada vez que el caballo ya no puede hacer lo que antes
le exigíamos. Si queremos conservar el “Test de los Campeones”, quizá lo
primero que debamos hacer sea seguir teniendo una carrera que merezca ese
nombre. |
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Anécdotas
Hípicas Venezolanas,
miércoles
30 de septiembre de
2026 |
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