Anécdotas Hípicas Venezolanas presenta

Paul Valery

Por Juan Macedo

 

En el mundo del hipismo, hay apellidos que resuenan con el eco de las herraduras sobre la arena del hipódromo y el de Paul Elías Valery Arroyo es, sin duda, uno de ellos. Nacido en Caracas el 29 de agosto de 1969, hijo de Paul Enrique Valery Rodríguez y Pilar Arroyo de Valery (siendo el mayor de 4 hermanos: María Inés Valery (+) María Cecilia Valery y María Elena Valery), Paul no solo heredó un nombre, sino una tradición que se remonta a los albores de la hípica venezolana. Desde los relatos de Mathieu Valery y las tardes de sus abuelos en el Hipódromo de El Paraíso, hasta la divisa de la Agropecuaria Tío Sam de su padre, el destino de este caraqueño estaba sellado entre fustas y casquillos.

 

Aunque se formó en la disciplina del Liceo Los Arcos y cursó estudios de Economía en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), el llamado del establo fue más fuerte que los números macroeconómicos. Su romance con los equinos comenzó a los siete años con un caballo criollo, regalo de su padrino, que encendió una chispa que ni el tiempo ni las distancias han podido apagar. Nos contó Paúl “Aunque mi padre tuvo caballos, las primeras veces que asistí a las carreras en el hipódromo e incluso fui a una caballeriza (siendo un niño) fue con la familia Rincón, la señora Holly y Luis Afredo Rincon (+) ya que soy amigo desde el colegio de sus hijos morochos y casi que a cada rato estábamos en el Jockey Club viendo sus caballos correr. Recuerdo mucho la una yegua de los morochos Goldie Gold y otro de su papá Come on Fred”.

 

Su formación profesional para el entrenamiento de purasangres de carrera fue "a la antigua", aprendiendo el oficio desde el fango. Se inició como aprendiz con Francisco Taranto, haciendo camas y caminando ejemplares. La anécdota de sus inicios define su carácter: un propietario intentó despedirlo por no ir a comprarle café mientras limpiaba un box; Taranto, con sabiduría, le respondió: "¿Cómo lo voy a despedir si casi todos los caballos son de su papá?". Paul no buscaba privilegios; buscaba aprender el arte. “Comenzando de aprendiz que los entrenadores me pusieron a pasear una caja con piedras a pie a diferentes cuadras y me decía que no era para el que eso era de X y lo que llevaba en la caja eran piedras” nos relató Paul.

 

Luego de cuatro meses con Taranto, el recordado Jesús Eduardo Benedetti (con su característico humor) lo reclutó por cumplir con tres requisitos "indispensables": tener carro, celular y ser alto. Tras tres años de mentoría con Benedetti, Paul se graduó en la promoción José Armando Contreras en mayo de 1995, compartiendo honores con figuras como Ramón García y Nicola Iglio.

 

El debut de Paul Valery como entrenador fue de película: ganó en su primera semana con La Tía Pi, una yegua propiedad de su madre, Pilar Arroyo. Pero más allá de la estadística, esta yegua representó un milagro familiar, siendo la terapia y el motor de recuperación de su madre tras sufrir un ACV.

 

A lo largo de su carrera, contó con el respaldo de pilares de la industria como el Dr. Kepler Orellana (Haras Las Trinitarias) y Carlos Arocha, además de desempeñarse como profesor y jurado en la Escuela de Entrenadores, devolviendo al hipismo algo de lo mucho que le brindó. Otras actividades que realizó fue transportar en varias oportunidades los caballos de la delegación del Caribe vía aérea a otros países y diferentes caballos trabajé haciendo muchos años con Oscar Lobo y luego con Enrique Baumeister.

 

 

Si hay un nombre que define la capacidad de Valery para detectar el talento, es The Brother Slew. Con una fe inquebrantable, Paul vaticinó que ganaría el Clásico del Caribe de 2019 con él, y así lo hizo, demostrando que la clase del ejemplar y la estrategia del preparador eran una combinación ganadora.

 

 

Su trayectoria lo llevó a Panamá, un mercado tradicionalmente cerrado para los extranjeros, donde logró romper barreras y ganar numerosas carreras junto a propietarios como Don Tito y la familia de José Navarro. Posteriormente, trasladó sus bártulos a Estados Unidos en el año 2023, logrando una campaña destacada en Gulfstream Park.

 

 

Pero no todo ha sido color de rosa. Recientemente, Paul enfrentó uno de los retos más duros de su carrera debido a las regulaciones de la HISA (Horseracing Integrity and Safety Authority) en USA. Fue señalado por niveles de testosterona en caballos castrados, una situación que Paul atribuyó a un suplemento alimenticio 100% natural, diseñado para equilibrar deficiencias glandulares.

 

"Tengo la conciencia tranquila y mi sueño en paz. Nunca utilicé algo ilegal. Logramos demostrar con laboratorios internacionales que el suplemento causó el aumento, pero el sistema de arbitraje de HISA es un muro económico difícil de escalar para un entrenador latino", afirma Valery con la franqueza que lo caracteriza.

 

A pesar de la complejidad legal y la decisión de no continuar ya que era un barril sin fondo el gasto de dinero, Paul se mantiene firme en su ética profesional, denunciando un sistema que considera discriminatorio y procesalmente agresivo.

 

Paul Valery no es solo un entrenador; es un hombre de a caballo. Su vida es un testimonio de que, en la hípica, como en la vida, se puede caminar entre piedras sin perder el norte ni la pasión.

 

Fuentes: Entrevista realizada a Paul Valery, Líder en Deportes (foto), Sr. Gonzalo Anteliz Jr (foto), Lic. Antonio José Medina (foto).

 

Anécdotas Hípicas Venezolanas, sábado 28 de febrero de 2026

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