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Anécdotas
Hípicas Venezolanas presenta |
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Lucky |
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(Ven,
1976, Debonair Prince en Rancomar por Speak
John) |
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Por
Juan Macedo |
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El
hipismo, el deporte de los reyes que tanto nos apasiona, es una moneda de
dos caras. En una brilla la gloria del triunfo y el estallido de las
tribunas; en la otra, habita la tragedia más cruda, esa que nos recuerda
la fragilidad de estos nobles atletas de cuatro patas. Nos toca
desempolvar el baúl de los recuerdos para relatar la historia del castaño
Lucky, un ejemplar que, entre 1979 y
1980, escribió una página de talento y dolor en la arena del Hipódromo La
Rinconada. |
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Nacido
en el año 1976 en las tierras yaracuyanas del Haras Anamar, defendió las sedas negras con media luna
del Stud Chivacoa, de la Sra. Peggy
de Azqueta, bajo el entrenamiento de “El Caimán” Daniel Pérez
García. Con un físico imponente que superaba los 500 kilos, Lucky no
era un caballo común; tenía el carácter indomable de los
rebeldes. |
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Su
debut ocurrió tardíamente a los tres años el 12 de octubre de 1979 en 1300
metros. Conducido por el entonces aprendiz Andrés Bianco, finalizó tercero a
3 ½ cuerpos detrás de El
Villano. Sin embargo, quienes estaban en el paddock ese día notaron algo: el potro era sumamente
díscolo. Su energía era
difícil de canalizar, peleaba con su jinete y desperdiciaba
fuerzas. |
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Tras
una victoria inmediata en su segunda salida (el 21 de octubre donde superó por 8
cuerpos a Guardacostas en un modesto 75” para los 1200 metros), su
jinete Andrés Bianco le propuso al equipo de Daniel Pérez una idea que
cambiaría el rumbo del animal: para su tercera actuación, el 11 de
noviembre, Lucky comenzó a correr con el implemento
guayo. Este implemento especial buscaba someter su indocilidad y
permitirle al jinete un control más preciso. El resultado fue instantáneo.
Ese día, en 1100 metros, Lucky voló sobre la pista
para adjudicarse el Trofeo III
Congreso Venezolano de Dermatología, derrotando a George D por casi
tres cuerpos y marcando un sublime tiempo de 66” exactos. Cerró el año con
dos buenas figuraciones en el lote de ganadores de
dos. |
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La
campaña de Lucky fue un ascenso
meteórico. Inició 1980 bajo la conducción de “El Polaco” Ricardo Wloka. Aunque reapareció con un segundo lugar a 1
¼ cuerpos de Deluis sobre 1500 metros,
rápidamente encadenó dos victorias consecutivas en G-2 y G-3, demostrando
una versatilidad asombrosa. Fracasó con atenuantes al quedar sexto a 7 ½
cuerpos de Vibrante, ya que
llegó a la cuadra sentido de una de sus manos. |
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Su
racha triunfal no se detuvo allí. Al pasar a las manos de Rafael
Rodríguez Morales, reapareció el 3 de mayo y se convirtió en una
máquina de ganar. Sus victorias ante Kachima y
Totuma lo consolidaron como uno de los ejemplares más seguidos por la
afición. |
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El
1 de junio de 1980, el ambiente en La Rinconada era de expectativa. Lucky
subía a la distancia de 1900
metros, un reto de aliento para un caballo que había brillado en
los recorridos cortos y medios. Con la monta de Rafael Rodríguez Morales, el
pupilo del Stud Chivacoa salió
a batallar desde el inicio. Fue una carrera de desgaste, de puro corazón.
Lucky peleó palmo a palmo,
pero al final, el cansancio y la distancia le pasaron factura, finalizando
en un meritorio tercer lugar detrás de Casquillo, a unos 7 cuerpos. Sin
embargo, lo peor estaba por venir. |
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Apenas
cruzó la raya de sentencia, mientras los narradores cantaban el orden de
llegada, el estupor se apoderó de la tribuna. Lucky, el potro valiente
que había superado su carácter díscolo para convertirse en un prospecto de
lujo, cayó fulminado en la
pista. No hubo tiempo para auxilios veterinarios; la exigencia de
los 1900 metros terminó con la vida del noble castaño allí mismo, sobre la
arena que lo vio triunfar. |
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En
total, de sus 12 presentaciones registradas, Lucky logró 6 victorias, además de 2
segundos y dos terceros, con un promedio de efectividad del 50% que lo
acreditaba como un corredor de excepción. Se fue dejando una estela de
Bs. 353.400 en premios y
el recuerdo de un caballo que, cuando por fin aceptó la guía del hombre
gracias a aquel guayo, mostró una clase superior. Su historia queda como
un recordatorio de la entrega absoluta del purasangre de carreras, un
atleta que lo dio todo, hasta el último aliento, por la gloria de sus
colores. La Rinconada siempre guardará en su eco el galope de aquel potro
de Doña Peggy que se marchó siendo,
sencillamente, inolvidable. |
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Fuentes:
Ing. Juan Macedo (apuntes personales), Revista Gaceta Hípica, Sr. Manuel
Corral, Sr. Víctor Marín Yzer, Sr. Andrés
Bianco. |
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Anécdotas
Hípicas Venezolanas,
jueves
30 de abril de 2026 |
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